Leyenda del sacerdote y el brujo

Esta es una leyenda de Suchitlán, una comunidad de Colima. Donde hace algunos años, vivió un brujo muy famoso y respetado, pues se decía que era muy poderoso y efectivo. Los habitantes le visitaban para ser aliviarnos de una enfermedad física, hasta alguna dolencia emocional, siempre con muy buenos resultados. Se creía además que el hechicero era un nahual, es decir, que tenía el poder de convertirse en el animal que quisiera, para cometer toda clase de fechorías.

Esas eran las costumbres, hasta que llegó al pueblo un sacerdote, quien tenía la idea que las creencias de los indígenas del lugar rayaban en lo bestial y demoniaco, por lo que debían de abandonar sus cultos y entregarse a la doctrina de Jesucristo. Pero esto no sucedió. La gente prefería aun consultar con el brujo.

Muy enojado por esta decisión de los lugareños, una tarde decidió ir a visitar al mentado brujo-nahual, quien ya lo estaba esperando. Al entrar, el religioso quedó sorprendido de todo lo que vio: altares, plantas, objetos e ídolos de barro, cabezas de animales y muchas cosas más que el brujo utilizaba para sus ritos.

El hechicero fue amable con su invitado, mientras que el sacerdote exigía que dejara de engañar al pueblo y sonsacarlos con sus mentiras, pues eso de la brujería no existía. El brujo, conservando la calma invitó al religioso a que se marchara tranquilo, si todo lo que él hacia eran mentiras y tonterías, no había de que preocuparse.

El cura, enojado todavía, se quiso levantar de la silla. ¡Pero no pudo! ¡Por más esfuerzos que hacía no podía pararse! ¡Parecía que estaba pegado al mueble! Mientras el brujo, en tono burlón le invitaba a marcharse. La desesperación del padrecito se convirtió en espanto, por más esfuerzos que hacia no podía levantarse, y el brujo seguía burlándose, hasta que hizo un ademan con la mano y pronuncio en voz baja unas palabras, el sacerdote pudo levantarse. Fue a caer allá lejos contra el suelo al despegarse, pero ligerito se puso en pie y echó carrera.

Cuentan quienes lo vieron irse corriendo rumbo a la iglesia ¡que iba pálido, rece y rece con el rosario en la mano! Desde entonces, el sacerdote aquel ¡nunca volvió a molestar al brujo de Suchitlán ni a dudar de la brujería!

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  • FRANCISCO JAVIIER FUENTES FAZ

    ME ENCANTTAN LOS CUENTOS Y MITOS DE TTERRROR

  • FRANCISCO JAVIIER FUENTES FAZ

    ME GUSTA ESTE TIPO DE LITERATURA

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