Leyenda del Diablo en la discoteca

Las leyendas forman parte importante de la tradición oral de los pueblos, en México especialmente, estas tuvieron su mayor esplendor duran te la época colonial, sin embargo, en tiempos más recientes, han surgido interesantes historias que por sus características, no ha tenido problema en ubicarse rápidamente entre leyendas de terror mexicanas más famosas, adoptándose como relato propio en ciudades distintas.

En esta ocasión, conoceremos lo sucedido en la ciudad de Durango, en la década de los noventas. Gracias a los relatos de los testigos presenciales de este hecho, que aún tienen oportunidad de contarlo de primera mano, imprimiendo en sus palabras el miedo y angustia que vivieron en aquellos momentos.Cuentan que la involucrada tenía por nombre Josefina, y era una chica de dieciocho años, considerada entre las mujeres más bellas de la ciudad. Aunque muchos la pretendían, ella prefería la diversión y se le veía en los mejores lugares de baile.

Una noche, de Viernes Santo, se fue a la mejor discoteca de la ciudad. Ahí la abordó un joven apuesto, vestido elegantemente, y aunque se notaba algo extraño en sus ojos, ella solo quería bailar, juntos eran la mejor pareja sobre la pista, y seguían el ritmo de la música aunque esta fuese subiendo de tono.

Mientras ellos disfrutaban aquel frenesí de la música, el ambiente del lugar se llenaba de azufre, y de una sensación extraña de miedo con escalofrió; las personas sentían ganas de gritar, pero algo les apretaba la garganta, provocando su desesperación.

Poco a poco, entre la poca luz, los presentes alcanzaron a distinguir que el habilidoso bailarín no tenía pies, sino, una pata de gallo y una pezuña de cabra. Todos quisieron huir, pero algo los retenía pegados al suelo contemplando la escena en contra de su voluntad.

Súbitamente, la pareja flotaba en el aire, y los testigos aun eran obligados a ver… entre ellos, al fin alguien pudo pronunciar palabra —¡Ave Maria Purísima! —las luces se apagaron, y un ventarrón sacudió el salón por unos segundos. Empezaron las personas a caer de rodillas, rezando en voz alta… al volver las luces solo estaba Josefina, tirada en el suelo… ¡Muerta!.

Mientras tanto, afuera, un operativo policiaco se había armado para atrapar a un hombre de una camioneta negra modelo del año, a la que no podían dar alcance, y la cual desapareció al llegar a un panteón.

La historia se regó como pólvora, “El Diablo ronda las discotecas” decían los diarios, y había tantos testigos que nadie podía negarlo.

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