Leyenda de la Malinche

La trágica vida de Malintzin comienza en Coatzacoalcos, era hija de un cacique, pero al tener su primer hijo varón decidió deshacerse de ella vendiéndola como esclava. A esta mujer se le dio el nombre despectivo de la Malinche, gracias al mal oído de los españoles. Años después, el conquistador Hernán Cortés la recibiría con un obsequio en Tabasco y fue bautizada con el nombre de Marina. Fue traductora-intérprete entre los españoles y los indígenas. Le mostró a Cortés las costumbres sociales y militares de los nativos, jugando un rol muy importante en la conquista.

Cortés tuvo un hijo con La Malinche, Martín Cortés (primogénito pero ilegítimo). Comenzando así el mestizaje, convirtiéndose en la primera madre de pueblo de México. Malintzin fue dada después al capitán Alonso Hernández Portocarrero, y años después fue casada con Juan de Jaramillo, con quien tuvo una hija llamada María Jaramillo. Tuvo un regalo de bodas nada despreciable: un vasto terreno cerca de Chapultepec, otro en San Cosme, la arboleda de Moctezuma en Coyoacán y las casas que ocupó en las calles de Medina, esta es la famosa Casa de la Malinche.

Tanto en vida, como después de su muerte, Doña Marina se convirtió en toda una leyenda, tanto así que incluso se llegó a integrar al mito de La Llorona, se decía que esta era la llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.

Entre las paredes de las casas que habitó se escuchan sus lamentos, por ser despreciada y tratada como esclava. Se tiembla al verla venir, basta una mirada de sus ojos negros para infundir el miedo. Su sombra y el fantasma de pelo suelto y túnica flotante seguirán metiendo miedo, desde los bosques y las grutas de Chapultepec, lanzando en ya conocido grito: –¡Ay mis hijos!-.

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