Leyenda de la Casa de los Enanos

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Ubicada en la Avenida Juárez 1702 de la Ciudad de Puebla en México. Hay una casa hermética a cualquier mirada del exterior, la cual originó la leyenda de que vivían ahí, unos hermanos que se enamoraron y tuvieron hijos entre ellos, niños deformes y con baja estatura, por lo cual los padres cubrieron la casa para evitar a los chismosos. Otras personas dicen que se organizan ahí fiestas paganas y los participantes, entran y salen por un pasadizo subterráneo que da a un estacionamiento en Paseo de Bravo.

Lo que se sabes sobre la casa es que en 1890 la familia Giacopello, construyó la casa y habitaron en ella hasta que una de sus hijas se suicidó en el despacho. La casa fue abandonada hasta 1930, cuando Rogelio Rodríguez y su esposa, adquirieron la casa. Ella tras la muerte de su marido se volvió una persona sumamente reservada y de pocas amistades. Para cuidar sus muebles ordenó a la servidumbre abrir gradualmente las ventanas para que no les diera el sol, y también mandó construir muebles a la medida para sus nietos en el jardín porque no les permitía entrar en la casa. Así la gente que se asomaba, veía a los niños jugando en sus muebles pequeñitos pensando que eran enanos, de ahí se desprende su tan mentado nombre “La Casa de los Enanos”. A favor de esta hipótesis, la gente notó que el timbre y la mirilla estaban a la altura de la cintura.

La anciana siempre mantuvo la misma servidumbre. Los descendientes de sus tres hijos se fueron mudando hasta dejar a la abuela sola. Se dice que la anciana murió en 1988, pero en cierta ocasión un grupo de trabajadores, por órdenes de la servidumbre, permanecía con la puerta cerrada remodelando una habitación en el segundo piso, pero escucharon gritos horribles de una mujer. Al asomarse vieron a una persona tapada por completo, la llevaban abrazada e iba llorando intentando hablar pero no se le entendía nada.

Lo que sí es comprobable, es que es el único edificio que funciona como domicilio particular en esa avenida, ciertamente está habitada y por alguien de mucho dinero, pues se encuentra en perfecto estado, arbustos recortados y paredes tan limpias como si se pintaran a diario. Se escuchan personas de jardinería y mantenimiento, ingresan coches con los vidrios polarizados.

Cada vez que se pasa por ahí es inevitable sentir curiosidad por los secretos que ahí se encierran, mucho más porque en cierta ocasión un anuncio en la reja de la casa solicitaba personas para el servicio, poniendo como únicos requisitos: estómago fuerte y absoluta discreción.

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