El vaquero negro

Cuentan los moradores de Quibor (capital del municipio de Jiménez en el estado de Lara en Venezuela) que allá por los años 90, hubo un hecho insólito que impactó a los habitantes, y se llevó consigo la armonía de la región.

Según cuentan las personas que compartían tragos en un bar en las afueras de Quibor, vieron entrar a un vaquero completamente vestido de negro, su aspecto era sombrío y la cara estaba tapada con el sombrero. Tales características fueron olvidadas de inmediato, pues el extraño hombre se dirigió a la barra invitando los tragos a todos, en ese instante, se hizo de amigos y del aprecio del cantinero, pues cubrió la cuenta con brillantes monedas de oro.Mientras todos bebían a su cuenta, se dirigió al baño; pasados unos segundos, otro de los bebedores también tuvo necesidad de hacerlo, pero volvió de inmediato con el rostro pálido y la quijada arrastrando. Entre balbuceos lo único que pudieron entender fue: —¡Es el diablo!, ¡Es el diablo! —al mismo tiempo que sus palabras salían, una brisa arremolinada avienta con violencia la puerta del establecimiento, y se escucha el relinchar de su caballo negro.

Las personas salieron de ahí corriendo; entraron nuevamente cuando reunieron valor, solo para encontrarse con un tremendo olor a azufre y ninguna señal del vaquero negro. El negocio de ahí en adelante solo fue en picada, y por muchos intentos que se hicieron no pudieron borrar lo sucedido, el olor a azufre sigue penetrando cada rincón y se dice que continuamente se escuchan provenir de ese lugar, gritos y lamentos que ponen la piel de gallina a cualquiera que este cerca.

Además, los hombres que bebían ahí aquella noche, no pueden encontrar la paz, pues no saben a cuenta de que, el Diablo les invitó los tragos aquella noche, posiblemente sea la noche de copas más cara de toda su vida y pronto el venga a cobrarles.

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