El vagabundo

Odiseo vivía en un barrio bravo. Ya sabes, esos lugares en donde tienes que estar constantemente viendo hacia todos lados, para poder evitar que algo malo te suceda. Diariamente se cruzaba con algunos pandilleros y malvivientes que se escondían entre esas callejuelas.

A unas pocas calles de donde él vivía, había un monumento que para ese entonces ya estaba erosionado por los vándalos. A los pies de éste descansaban acurrucados entre cartones y periódicos viejos varios vagabundos.Odiseo conocía a la mayoría de ellos, aunque no por su nombre de pila, sino más bien por el apodo que se habían ganado en el barrio. “El gordo” por ejemplo, indudablemente estaba acompañado de una bolsa de papel que en su interior contenía una botella de licor barato.

Otro caso era el de “El chato”, quien fue corrido de su casa desde que cumplió 15 años, pues golpeaba salvajemente a su madre. En fin, si me pusiera a revisar la vida de cada uno de ellos, no terminaría en un año de contar todas las historias y leyendas relacionadas a estas personas.

El meollo del asunto es que tenían bien definidos cada quien su lugar para descansar. Una madrugada, mientras Odiseo caminaba medio borracho a casa de su novia, notó que el sitio de su amigo “El gordo” estaba ocupado por un costal de color marrón.

A primera vista parecía como si una persona se hubiera metido dentro del saco para resguardarse del frío. Dado el tamaño del costal, era obvio que se trataba de alguien más.

Odiseo enfadado gritó:

– ¿Tú qué haces aquí? Este es el lugar del gordo.

Al no recibir ninguna respuesta a su llamada de atención, pateó enérgicamente el bulto esperando que de esa forma alguien contestara su agresión. No obstante, el golpe hizo que se desparramara en el suelo una pasta gelatinosa.

El olor que desprendía aquella sustancia era nauseabundo. Fueron tantos los alaridos que Odiseo lanzó al aire que la policía llegó en un santiamén. Más adelante los forenses determinaron que aquello era el cuerpo molido de un hombre.

Por increíble que parezca, al especialista encargado de esclarecer lo ocurrido, no se le veía preocupado. De hecho se dirigió a uno de sus colegas:

– Ya con este van ocho vagabundos muertos de esa forma en esta semana. Tal vez se trate de un asesino serial. Habrá que estar al pendiente.

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